María Salsone, neuróloga: “El cerebro tarda hasta 20 años en mostrar síntomas de demencia y reconocerlos puede marcar la diferencia”

Desde hace casi tres décadas la doctora María Salsone se dedica a estudiar enfermedades neurodegenerativas, en particular la enfermedad de Parkinson y la demencia. Actualmente se desempeña como jefa del primer centro en Europa dedicado a la salud cerebral de la mujer, el Brain Health Service (BHS), inaugurado en el IRCCS Policlínico San Donato de Milán, Italia.

Salsone está al mando de la Unidad de Neurología y Accidentes Cerebrovasculares del Policlínico San Donato y también es profesora asociada de Neurología en la Universidad Vita-Salute San Raffaele.

En diálogo con el Corriere della Sera, brindó algunas recomendaciones de prevención de salud cerebral y mencionó los resultados de los últimos estudios científicos sobre el tema.

La salud del cerebro en la mujer

Las mujeres somos más vulnerables desde el punto de vista neurológico, tenemos un mayor riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas, como la demencia”, indicó la especialista.

Aseguró que el 70% de sus pacientes diagnosticadas con demencia son mujeres. “El sexo es el segundo factor de riesgo, después de la edad, y de diversos factores, como la predisposición familiar, y sobre todo afecta el momento de la vida en el que la mujer esté”, indicó.

“En la etapa posmenopáusica puede haber cambios hormonales, con valores que traen consecuencias directas como la reducción de los estrógenos, altamente neuroprotector para nuestro cerebro, e indirectas, como el aumento de peso, presión arterial alta y diabetes, factores que en sí mismos representan riesgo para el desarrollo de la demencia”, detalló.

“Debemos estar atentas a la disminución del 17-beta-estradiol, un estrógeno que acompaña a las mujeres durante unos 40 años de su vida, potenciando su capacidad cognitiva”, señaló.

Todos esos cambios hacen más vulnerable al órgano del cuerpo que “dirige la orquesta”, el cerebro. “A esto se suman la osteopenia, es decir la reducción de la densidad mineral ósea, y la osteoporosis, el deterioro de la estructura del tejido óseo, la ansiedad y los trastornos del estado de ánimo y del sueño”, subrayó Salsone.

En base a su experiencia clínica, genética y en neuroimagen específica en enfermedades neurodegenerativas, la doctora enfatiza en la importancia de la prevención y el cuidado de la salud cerebral.

“El cerebro puede tardar hasta 20 años en mostrar síntomas de demencia, uno de los primeros es el deterioro subjetivo de la memoria; reconocerlo puede marcar la diferencia y prevenir hasta el 45% de los casos de demencia”, indica.

¿Qué es la “queja cognitiva subjetiva”?

El nombre científico de aquel primer síntoma al que hace referencia el de “perturbación subjetiva de la memoria“, también denominada queja cognitiva subjetiva (QCS) o deterioro cognitivo subjetivo (DCS), en palabras de la experta, es “un trastorno de la memoria que es percibida por el paciente, pero que no afecta la evaluación neuropsicológica estándar”.

“Es una nueva frontera de investigación en el campo de la demencia y la reporta el propio paciente como una caída del rendimiento cognitivo y pequeños disturbios en la atención y en la memoria”, describió.

El deterioro de la memoria puede ser el primer síntoma de deterioro cognitivo.
Foto: Ilustracion Shutterstock

Aseguró que se trata de una condición poco estudiada y subestimada, porque aunque no necesariamente se traduce en una enfermedad subyacente, implica una señal de alarma temprana que debe cotejarse con el historial médico del paciente.

“Si ese paciente tiene antecedentes de Alzheimer, hay que estudiarlo. El mecanismo es el de la identificación del riesgo, la comunicación y luego la intervención”, indicó.

“Uno de los primeros es el deterioro subjetivo de la memoria, pero no todos los déficits de memoria son síntomas de enfermedades neurodegenerativas“, aclaró.

Para ponerlo en números, detalló: “Se estima que la queja cognitiva subjetiva se presenta en aproximadamente el 25% de las personas mayores de 60 años, pero solo en un tercio representan un signo de enfermedad”.

Factores de riesgo en la salud cerebral

Más allá de las particularidades propias del cerebro del hombre y la mujer, la neuróloga italiana también mencionó la genética como aspecto a considerar.

“Hoy podemos identificar una variante genética, llamada APOE4, que conlleva un mayor riesgo de desarrollar demencia y Alzheimer, entre 4 y 10 veces mayor en las mujeres y 1 a 4 veces en hombres”, explicó Salsone.

“Pero el ADN por sí solo no determina cómo envejecemos ni el riesgo potencial de desarrollar la enfermedad”, aclaró. Incluso afirmó que el estilo de vida puede tener una influencia casi igual que los factores genéticos.

“El riesgo depende de cómo interactúa la presencia de variantes genéticas específicas, combinada con hábitos poco saludables, ya que puede actuar como un verdadero amplificador, aumentando significativamente la probabilidad de desarrollar demencia”, sostuvo.

Luego puso como ejemplo los datos aportados por la Comisión de Salud Global The Lancet, compuesta por un panel internacional de expertos, confeccionó una lista de factores de riesgo, desglosados ​​por grupos de edad.

En el grupo de mediana edad, de entre 48 y 49 años, por ejemplo, la lista de factores de riesgo incluye: pérdida auditiva, niveles altos de colesterol, depresión, traumatismos craneoencefálicos, consumo excesivo de alcohol, la diabetes y el sedentarismo.

En el grupo de mayores de 70 años, se agregan a ese listado el aislamiento social y la contaminación ambiental, así como el llamado “eje pulmón-cerebro“, un concepto científico que describe la relación entre el sistema respiratorio y el sistema nervioso central.

El sueño de calidad como “limpiador cerebral”

Salsone también se dedica al estudio de los trastornos del sueño como vía de acceso a las enfermedades neurodegenerativas. Participó como investigadora principal de numerosos estudios clínicos, incluyendo una subvención internacional de la Fundación Michael J. Fox para la Investigación del Parkinson.

Dormir profundo y de corrido previene el deterioro cognitivo. Foto: Pexels

Además colabora en revistas de alto impacto, como The Lancet, Scientific Reports (Nature), Movement Disorders, Neurology, Journal of Alzheimer’s Disease, Journal of Neurology y Annals of Psychiatry.

“El sueño actúa como un ‘limpiador cerebral que elimina las proteínas acumuladas para que las neuronas funcionen mejor, literalmente el sueño te protege el cerebro si es de calidad”, remarcó.

Indicó que cuando estamos dormidos en un sueño profundo se activa el sistema glinfático para eliminar desechos metabólicos acumulados durante el día. Durante el proceso utiliza líquido cefalorraquídeo para desintoxicar el cerebro y prevenir la acumulación de toxinas asociadas a enfermedades neurodegenerativas.

“El sueño es crucial no solo en cuanto a duración, sino también a calidad. Existe una fase específica llamada ‘sueño de ondas lentas‘ en la que el sistema glinfático se activa intensamente para eliminar proteínas presentes en cantidades excesivas que pueden interferir con el correcto funcionamiento de las neuronas”, manifestó.

En cambio, cuando el sueño es fragmentado y nos despertamos varias veces durante la noche, ese mecanismo se bloquea y favorece la acumulación de proteínas potencialmente dañinas.

El ejercicio físico como “antídoto” contra la demencia

Además de la limpieza del cerebro mientras dormimos, hay otra recomendación, que requiere de estar despiertos, y está comprobada su eficacia para proteger la salud general.

Hacer ejercicio físico, a cualquier edad, es altamente recomendable. Foto: Pexels

“El ejercicio físico regular puede ser, sin duda, la medicina más eficaz”, sentenció la neuróloga. “Se ha demostrado que la actividad física reduce el riesgo de demencia en un 20%“, agregó.

La dosis indicada varía en cada caso, pero detalló que se puede realizar hasta cinco veces por semana. “La actividad física se asocia con un mejor rendimiento cognitivo a largo plazo, y es un antídoto contra la demencia que todos deberían aplicar cuanto antes“, concluyó Salsone.

Reglas para proteger el cerebro

  • Realizar actividad física regular.
  • Dormir entre 6 y 8 horas por noche y trata de que sea “sueño de calidad“, esencial para el correcto funcionamiento de numerosos procesos cognitivos, como la memoria, la capacidad de atención y una actitud socioemocional positiva.
  • Hacer actividades recreativas que estimulen la función cognitiva, como leer, pintar, practicar artes visuales y escuchar música.
  • Socializar y participar de momentos de estimulación cognitivo-emocional, por ejemplo, la interacción con mascotas se asocia a un deterioro cognitivo más lento.
  • Llevar un estilo de vida saludable: los hábitos saludables promueven el bienestar cognitivo.

Fuente: www.clarin.com

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